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lunes, 25 de abril de 2011

“Me quiero desafiliar…”

Andalgalá © Pareciera que estas expresiones corresponden a una persona que milita en algún partido político y que ya cansado de manejos y desmanejos, decidió retirarse después de la derrota, pero no, se trata de una persona común que transita todos los días por las calles y los lugares de la ciudad y todo el mundo lo conoce como “Beto”, a secas.

Siempre ha trabajado de taxista, y no se refería a desafiliarse del radicalismo, su partido, sino de la iglesia católica, enojado por la intrascendencia de la Semana Santa, por la falta de conducción y convocatoria por parte del clero, que ha generado una notable decadencia de valores comunitarios y la proliferación de iglesias protestantes que cada día tienen más y más feligreses.

Se quejó apesadumbrado de que él, como católico, no tiene un lugar decente en donde rezar, ni modelos a imitar porque todo lo que pasa está basado en el egoísmo y las ínfulas de estrellato y figuración.

En realidad se quejó por todo y sin quererlo repitió con sus palabras, las expresiones que a diario se escuchan en esta pintoresca comunidad. Voces sin nombre ni rostro pero que sin dudas exteriorizan el pensamiento generalizado. “¡Quiero desafiliarme ya!”, dijo y los que lo escucharon explotaron en una estruendosa carcajada pensando que se trataba de una humorada. Nosotros hablamos después a solas con él y luego de ampliar los motivos de sus quejas, confirmó nuestras sospechas: no era una humorada. Grave, como para destruir 2000 años de historia, mística y fe.

Seguramente Beto ignora que la religión no es un partido político del que se puede renunciar o no, sino una conjugación de valores y estilos de vida a partir de las ideologías que apuntan a lograr la armonía en el seno de la humanidad basada en el amor al prójimo, para lo que hay códigos explícitos e implícitos a los que hay que atenerse en procura de la coherencia entre el pensamiento y la acción.

Sin dudas, el estado en que actualmente se encuentra la iglesia parroquial ha calado muy hondo en el ánimo de muchísima gente que piensa igual que Beto, aunque teme decirlo, por prejuicios y temores varios.

En tanto, esto sucede en el corazón de la gente, los que conducen el pueblo en lo político y religioso aún no se ponen de acuerdo acerca de, arreglan o no el templo, sin importar de dónde venga la enorme cantidad de plata que se necesita para ello.

Lo peor es que cada día que pasa, las grietas de los muros se hacen más notables y nadie hace nada. Al menos no se supo que alguien haya hecho algo más que pelearse.

Fuente Catamarca Actual

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